
Sinopsis: Esta es la historia de Gregory Reeves, un gringo que sobrevive en el difícil mundo de los hispanos de California. Gregory quiere llevar a la práctica el peculiar “plan infinito” que se trazó a sí mismo en su infancia. Sin embargo, para conseguirlo debe recorrer un duro camino lleno de obstáculos: la marginación social, el racismo, el brutal contraste entre pobreza y riqueza o la guerra de Vietnam.
El plan infinito es la concepción del universo que predica Charles Reeves, padre del protagonista de la historia. A pesar del aire de iluminado con el que se presenta, el Doctor en Ciencias Divinas unifica las creencias de distintas agrupaciones religiosas, argumentando que existe un camino predeterminado para cada uno de nosotros y una jerarquía cósmica-espiritual que obedece a lo que él denomina La Suprema Inteligencia.
Por carismático y convincente que Charles Reeves sea, encontré lecciones más edificantes para el espíritu en las vivencias de dos chiquillos que crecieron deprisa, dando tumbos inseguros hasta afianzar los pies en la senda inevitable que los llevaría a cumplir su parte en el plan infinito.
1. Aferrarse es un estado de sufrimiento constante.
En mi cerebro hay una sección de «datos que a nadie le importan», y voy a rescatar una frase que llevo conmigo desde una clase (que me parecía tediosa en aquel entonces) de filosofía. Heráclito sostenía en sus debates que «ningún hombre puede cruzar el mismo río dos veces, porque ni el hombre ni el agua serán los mismos.» Concuerdo con la información, por lo que considero que aferrarse es una de las respuestas más dolorosas que practica el ser humano para rechazar el cambio.
Cuando seamos capaces de entender que vivimos en un estado de transformación constante, seremos capaces de prepararnos para los cambios inevitables y las vueltas de la vida. Yo estaba aterrada de cumplir 30 años sin haber alcanzado todos mis objetivos, como si ese dígito definiera por si solo que ya no podía hacer más, que mi vida había acabado o que mi inspiración se agotaría. Y aquí estoy varios meses después, blogueando.
2. El amor es más importante que la sangre
Socialmente estamos programados para pensar que la familia sanguínea es la única capaz de amarnos con nuestros defectos y que sólo ellos nos acompañaran en las buenas y en las malas. Spoiler alert: la realidad es diferente.
A veces pasa que nuestra familia esta lejos, que no compartimos los mismos ideales o deseos y en el camino, encontramos personas que nos aman y nos apoyan como necesitamos. También resulta que podemos amar más a una persona que no es de nuestra familia, porque el amor se gana; inicia desde cero y el nivel va subiendo.
3. No podemos huir de nosotros mismos
Somos la suma de todo lo que vivimos. Las situaciones que afrontamos van dando forma a nuestros pensamientos y la forma en la que reaccionamos va definiendo quienes somos a cada momento. Tratar de huir de nuestro pasado esperando olvidar aquello que nos lastima sin intentar superarlo primero, es una receta casi absoluta para el desastre.
Hay experiencias que pueden tomarnos por sorpresa y cambiar nuestra forma de ver la vida, pero tratar de enterrar aquellas que son dolorosas limita nuestro crecimiento personal e impide que aprendamos a afrontar mejor los retos venideros. Es incluso recomendable pedir ayuda profesional, ya que conocernos a nosotros mismos y aprender a vivir con nuestras cicatrices, puede resultar abrumador.
Sin duda existen más enseñanzas en las páginas de la novela de Allende, pero las que más me gustaron fueron las anteriores. Me despido deseando que pasen una excelente noche y si tienen oportunidad, lean algo de esta autora chilena que es tan buena retratando el racismo y las diferencias culturales.
¿Ya leyeron el libro? ¿Cuál es su novela favorita de Isabel Allende?

